miércoles 16 de marzo de 2011

Jim y Roy

Yo diría que la mayoría de la gente extractaría algo así de Sukkwan Island, de David Vann.
"Por la noche, tarde, su padre volvió a llorar. Hablaba consigo mismo en pequeños susurros que sonaban como gemidos mientras lloraba y Roy no podía entender lo que decía su padre o descifrar cuál era el dolor de su padre ni de dónde provenía. [...] No pudo pegar ojo hasta que su padre terminó y se quedó dormido. Por la mañana, Roy recordaba el llanto, y le parecía que eso era exactamente lo que no debía hacer. En virtud de un acuerdo del que nunca había sido testigo, se suponía que debía oírlo por la noche y después durante el día no sólo olvidarlo sino, de algún modo, hacer como si no hubiera existido".

La verdad es que  prefiero un fragmento interior, una isla oculta en las páginas del la novela, leve, casi sin importancia sobre todas las demás cosas; como ese padre y ese hijo que se internan en lugares donde los Dioses no han hollado la tierra para descubrir algo de sí mismos. Quizás es lo que todos necesitamos que nos digan alguna vez. Qué sé yo. Que no somos perfectos, que estamos hechos para no encajar en el otro. Que los textos no merecen ser escritos por una totalidad de resultados, sino por la insignificancia y la belleza de sus párrafos más vivos, unos pocos apenas.

"He estado pensando en Rhoda, dijo su padre. Algún día puede que encuentres a una mujer que no es exactamente amable contigo, pero que de alguna manera te recuerda quién eres. No se deja engañar, ¿entiendes?"

Por lo demás, un libro bello y terrible. No es una mala combinación. Editado por Alfabia.

1 comentarios:

Calla Sr. Silencio dijo...

Me gusta más el segundo párrafo, mucho más. Por lo que dice y por cómo lo dice. Habrá que buscar el libro.

Un saludo
(y enhorabuena por las reseñas del libro)