miércoles 6 de abril de 2011

Amor fukushima



Recuerdo que en mi primer libro dediqué cuentos a ciertas mujeres que no había tenido y deseaba tener. Gemas sin gastar. Secretos propios. Formas extrañas de desesperación e impotencia. Yo me he pasado la vida queriendo como un fondo de inversión fallido. Casi todas –esas del primer libro– se han desvanecido en mis tratos y en mi vida y en esas fiestas templadas, borracheras, libro regalado,

toma, a ver si te gusta

y las que quedan son, simplemente, una restitución de la paz y la admiración, un armisticio abandonado, y también las quiero y deseo que sigan aquí y por qué no, por qué no...

no entiendo qué imagen tienes de las mujeres cuando leo esto. Hay demasiados fantasmas. Esto está lleno de espectros de mierda. O ellas son imbéciles o tú eres imbécil. Por Dios, ¿qué imagen tienes de nosotras?

y pienso que me gustaría recordar una frase perfecta de Ciorán que le escuché a Berta García Faet ayer, en la presentación de los dos premios García Baena de este año.

Lean a esta chica. Introducción a todo. Los de veintipico, y lo dice uno no tan distante en el tiempo, vienen pisando fuerte, y la verdad,

son chulas las dedicatorias, ¿quién es X?
 
me veo ahora, cubierto de polvo en el tiempo y sin comprender casi nada de la manera en que debo conducirme por la vida. Y descubro que en el segundo libro he dedicado cuentos a mujeres que había perdido.

¿te has acordado de mí?

Supongo que hay algo que aprender en todo esto.

¿Qué será lo próximo, la próxima muerte por amor atómico –llamémoslo amor fukushima, por eso de solazarnos en el humor negro–, el próximo libro, la siguiente vida?

3 comentarios:

Laura dijo...

cucci cu

Anónimo dijo...

Que de mal gusto.

Daniella Sánchez Russo dijo...

Se me viene a la cabeza el cuento Ojos de Perro Azul de García Márquez: http://www.literatura.us/garciamarquez/perroazul.html
Ese "¿te has acordado de mí?", podría ser, perfectamente, la mujer entregándose al sueño, un reclamo al olvido.