Paso toda una tarde o gran parte de ella en una terracita de una librería de Mallorca donde también sirven vino. Paso toda una tarde, junto a mi amigo, buscando títulos para una nouvelle suya. Me gusta simplemente el título nouvelle, como artefacto, sonda, puro sonido. Me gusta pero no nos vale, y es eso, tenemos que encontrar un título. Pasamos ahí la tarde, estirando las piernas, crujiendo los huesos y mirando a las mujeres que pasan, como si buscar un título es lo mismo que localizar una mujer entre la marea. Encontramos muchas perfectas para nosotros, vistas desde la distancia, imaginadas. De espaldas, bastantes. Otras en las que te quedas más fascinado por el vestido y los pliegues de la ropa y el movimiento que ejercen. Algunas son más movimiento, más un pie delante, un momento en que se detienen a mirar y pillarte en un renuncio, más eso que lo que conocemos él y yo por una chica guapa. Son movimiento y se hacen más y más guapas cuando avanzan o esa de ahí, que lleva la bandeja con las bebidas. Ah, encontramos algún título también.
Y en un momento de esa tarde en la que te tumbas y domas como a una cuerda mojada, ocurre una desgracia: doy con varios títulos que ya quisiera yo para alguno de mis libros. Títulos contundentes, con la palabra "vertical" o "gravedad". Resonantes, monstruosos, que dan miedo por ser, a lo mejor, superiores a la obra.
Pero, como en todo, los títulos que son de uno no necesariamente tienen que valer para el otro. Mi amigo no queda convencido.
Mi amigo con sus títulos y yo con los míos.
Mi amigo con sus mujeres y yo con las mías, porque en eso también casi nunca coincidimos.
La prueba de una amistad es esa, necesitar apenas par de cosas: títulos que deshechas fácilmente y mujeres con las que te quedarías y dejarías abandonado a tu amigo, ahí, en una terracita de una librería de Mallorca donde ya -¿qué hora es?-, has pasado toda la tarde.
2 comentarios:
De acuerdo, existe lo personal.
Especialmente en lo creativo.
Qué importante el título... la amistad y mirar a las mujeres.
Me gusta mucho, Matías, una bonita voz.
Un abrazo
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