La cita es de César aira. La he tomado del blog de Patricio Pron.
"De acuerdo, no voy a escribir más. ¿Por qué? No tanto porque me espante el trabajo. Al contrario, lo que me espanta es el vacío de no tenerlo. Es por la maldición del proyecto. No puedo escribir sino con un proyecto, y el proyecto se pone en el futuro, aniquilando el presente, borrándolo. Es un sacrificio. El sacrificio de la vida, en cuotas. Es difícil escapar del proyecto. No sé... habría que volver del proyecto, no ir hacia él. Como en mi historia del ‘taladro', en ese estúpido proyecto de novela que tuve... Preferiría no hacer nada, nunca, que tenga un objetivo."
¿Y si capitular y abandonar mi pequeño teatro por la trampilla? ¿Y si alejarme del hecho literario una temporada, y solo vivir en la placidez de la inacción, y no preocuparme, y no necesitar aterrizar en un libro (no se planifica un libro, se enferma de él), dónde va, qué ambicioso o no es? ¿Y si en realidad no tengo obra y sólo expreso en los libros un pequeño fuego verde? ¿Un fuego verde que se apaga? ¿Cada vez menos fuegos porque hay más amor al lenguaje y uno sabe que fallará al arder?
Me gustaría tener ambiciones pequeñas en lo literario, como las diminutas manos de la lluvia. Me gustaría, sí, tener el mismo deseo de H. Caulfield, modesto, perfecto por cuanto tiene de inoperante en los deberes del escritor (recibir reseñas, generar relaciones, perpetuarse en lo público sin acatar el mundo que le ha tocado). Me gustaría todo eso. Me gustaría mucho escribir una novela diminutamente hermosa. Una novela que se posa en una mano y sólo cabe en ella y es un gato que se ha dormido allí. Andar por la ciudad, por la propia vida, con ese gato pequeño, tumbado en la palma de la mano, ya está allí, ya se va a quedar porque es su casa secreta. Luego volver a despertarse. No darle excesiva importancia a escribir nunca más. Contradecirme. Y en la novela, en el gato, que no haya grandes tramas o juegos épicos o alturas o clímax. Que no haya más épica que la de la mirada del lector, que comprende, que me comprende (hay obras más grandes que esta, pero no son las de este hombre), que se ha tumbado sólo un rato a mirar al gato dormir y después ha vuelto a la vida.
No quiero escribir porque últimamente no me encuentro en ningún lugar. Porque no soy un gato. Porque quiero tumbarme y eso es todo.
5 comentarios:
No se tumbe, levántase y siéntase como el gato, que tiene siete vidas.
Siga escribiendo!!! Los buenos no deben dejarlo nunca...
Un saludo
¿Has leído "La novela luminosa" de Levrero? Te la recomiendo para este momento si no lo has hecho. Y también te gustará "Diario de la hepatitis", de donde es este fragmento de Aira.
Todo para que no abandones a tus lectores ;)
Los escritores a la vez deben aplicarse como lectores para no perder el rumbo por frustraciones, agotamiento, desilusiones, resultados diferentes a los deseados y miles de cosas más.
Y en cuanto a ésto cito a Kipling:
Date una tregua pero no claudiques.
Coincido contigo en ese deseo de escribir "una novela diminutamente hermosa que...". Algo así como "Bonsái" del chileno Alejandro Zambra. ¿La has leído?
"Nadie me quiere, todos me odian, pero yo tengo un DeLorean..."
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